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Club Taurino Italiano

Lopez simòn, figuròn del toreo

 

Domingo Delgado de la Cámara

3-10-2015

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Estaban las figuras muy cómodas, tocando el violón, viendo la vida pasar y sin exponer un alamar… Pero la dolce vita se les ha acabado. Ha llegado un señor dispuesto a poner firmes a todos. Ese señor es Alberto López Simón. La tarde de ayer, es de las que consagran a un torero y le ponen en primera fila. Porque para ponerte en figura no basta estar bien y cortar una orejita de vez en cuando, hay que triunfar con la contundencia de López Simón. O la de César Rincón en 1991, del que me he estado acordando toda la tarde.

En este año de gracia de 2015, López Simón ha cortado seis orejas en la plaza de Madrid y ha podido salir a hombros hasta tres veces. Si únicamente ha salido dos veces en volandas, ha sido por las cornadas… Ayer se demostró nuevamente que cuando un torero tiene valor y ambición, le vale prácticamente cualquier toro. Y al revés, cuando un torero tiene miedo y no lo ve claro, no le sirve ninguno. Eso sí, ese momento en que estas dispuesto a jugarte la vida de verdad y a triunfar con cualquier clase de toro, solamente se tiene una vez en la vida. López Simón está en dicho momento.

Los toros del Puerto de San Lorenzo que tocaron al torero madrileño, no valían un duro, pero el matador puso lo que hay que poner. Su primero embestía a topando y sin clase. Una primera serie tragando, una segunda serie buena y revolcón en el remate, de donde sale López Simón con una cornada en el muslo. Sin inmutarse, a pesar de los tremendos dolores, Simón prosigue la faena. Consigue hacer pasar al toro y torearlo con limpieza a base de quietud y ligazón. Simón hace eso que da tanto miedo, dejar la muleta puesta en la cara entre pase y pase. Un ramillete de manoletinas estrujantes, pinchazo y estocada. La gente, conmovida por el gesto del torero, pide la oreja a pesar del pinchazo. El público actúa sabiamente, el valor y la entrega, hay que premiarlas.

En ese momento en el tendido hay sensación de cornada gorda, parece que Diego Urdiales va a tener que pechar con toda la corrida, pero no. López Simón con una cornada fuerte encima, no consiente que le operen, ni que le anestesien. Asumiendo su responsabilidad, sale al ruedo para matar quinto y sexto.
Y con el quinto llegó lo verdaderamente grande. Este quinto fue muy manso y abanto, no se dejó picar. Correteaba de un extremo a otro de la plaza, con esa falta de fijeza tan propia del toro malo del encaste Atanasio-Lisardo y que tanto escama a los toreros. Simón no lo dudó un momento, volvió a quedarse muy quieto y a ligar muy bien los pases.

En ese momento, surgió el milagro. Hubo una serie con la diestra excepcional. Hacía mucho tiempo que no veía yo torear tan despacio. Hace falta mucho valor para esperar tanto al toro, y correr la mano con esa lentitud. El tendido rugió ante un toreo extraordinario. Es muy raro ver torear tan despacio, porque se precisa un valor sobrehumano. López Simón nos descubrió una nueva dimensión de su toreo. Siempre tuvimos claro que era un torero de mucha casta. Pero desde ayer, sabemos además, que es un torerazo.

Otra vez es el valor lo que jerarquiza a los toreros. El que tiene verdadero valor termina toreando tan despacio como ayer lo hizo el diestro de Barajas. Por el contrario, el que está justo de redaños, siempre querrá que el bicho pase en cuanto antes, porque se sufre mucho teniendo al toro debajo. El que compone bien, pero torea ligero, no vale un duro, por muchos cantores que tenga entre los que escriben en los papeles.

Y hasta ahí llegó la faena, el toro totalmente vencido, buscó la querencia con desesperación. Después de algún intento infructuoso de toreo al natural, Simón recetó una buena estocada aguantando y otra oreja fue a parar a sus manos. Este triunfo no es uno de tantos, este es el típico triunfo que encumbra y pone en figura. Que los divos que vegetan en lo alto del escalafón, vayan apretándose los machos, hay un tío que se los pasa cerca y liga el toreo mucho más despacio que ellos. 

La lidia del sexto no tuvo historia, el toro se partió una mano en el inicio del trasteo de muleta. No importó, la gesta ya estaba hecha. Cuando sacaban a hombros a López Simón, tuve la certeza de estar asistiendo al nacimiento de un figurón del toreo. Ya era hora. Es muy necesario mandar al asilo a cuatro o cinco divos que llevan mucho tiempo viviendo de las rentas. López Simón es la punta de lanza de una nueva generación de figuras. Es reconfortante comprobar que el toreo no muere y nombres nuevos recogen el testigo.

La tarde fue entera para Alberto, a Diego Urdiales no se le vio, y eso que mató tres toros. Y es que cuando surge el toreo de verdad, ese otro toreo de compostura, acompañamiento y medios pases, no convence a nadie. Lo dicho, López Simón figurón del toreo. Estaba haciendo falta.

 


 

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