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Club Taurino Italiano

Farolillos negros (Álvaro Acevedo)

(Foto Arjona)

www.burladero.com

7 mayo 2014

A la tarde, triste y ruinosa, de tendidos vacíos y almohadillas abandonadas tras dos horas de penuria, sólo le faltaba una cornada para que nos invadiera definitivamente el desconsuelo. Y entonces, como una maldición, el último manso del fiasco se llevó por delante a David Galván, que buscaba un imposible junto a las tablas del patio de arrastre. David, si el destino y la recua de inútiles que maneja este negocio lo hubieran permitido, sería desde hace tiempo el príncipe del toreo, pero se lo están cargando poco a poco. Le hicieron debutar en la Maestranza el martes de farolillos más triste que uno recuerda: los restaurantes vacíos, las calles silenciosas, los tendidos desnudos, y en los chiqueros, un lote de animales en el que se intercalaban torazos, toros y torillos, sin ninguna figura del toreo a la que echarle la culpa del esperpento, eso sí.

Pero la estrambótica presentación de semejante saldo quedó en nada al comprobar su juego. El becerro que abrió plaza fue de chiste; el segundo se lisió en dos vueltas de campana; el tercero parecía un buey de carretas huyendo de Hacienda, el cuarto se partió un cuerno y salió en su lugar un tanque de más de 600 kilos que demasiado hizo con dejarse torear; el quinto, muy grande, no podía ni moverse; y el sexto, como un tren de largo, fue un manso con fuerza que mandó a Galván a la enfermería.

Fue el último acto de una tarde de muchísima pena para cualquiera que ame el toreo. Que lo ame de verdad, digo. Los chavales hicieron lo que pudieron, a veces entre las protestas de un público indignado. Nazaré toreó muy bien, lentísimo y con clase, pero lo ignoraron. Adame, muy voluntarioso, compareció en la Maestranza desnaturalizado, pretendiendo vender un misterio que no existe. Yo le recomiendo que recuerde su debut en Sevilla hace dos años: alegre, variado, fresco, natural, juvenil, deslumbrante... Como quiera tener arte, está errado. Y Galván me encantó porque, a fuerza de perseguir a su primer buey, le arrancó pases preciosos, con valor y torería. Amenazó con hacer lo mismo en el sexto, y pagó su hombría con sangre. Algunos, a esa hora, ya habían huido a una Feria en la que dicen haber visto farolillos negros. Será porque al Toreo lo están matando.

Sevilla. 8ª de feria. Menos de media entrada. 2 toros de Daniel Ruiz (1º y 3º); 2 de Fuente Ymbro (5º y 6º) y dos sobreros de la misma ganadería ((2º y 4º). 1º, impresentable y deslucido; 2º, noble y blando; 3º, manso y huidizo; 4º, grande, feo y manejable; 5º, sin fuerza; y 6º, manso y difícil.

Joselito Adame, silencio y silencio.

Antonio Nazaré, silencio y silencio.

David Galván, ovación y herido.

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